Héctor Florencio
Varela Nació en el exilio, en
Montevideo, en 1832. Hijo de Florencio Varela y de Justa Cané,
pudo conocer Buenos Aires recién en 1852, luego de la caída de
Rosas. Aquí fundó, al año siguiente, La Tribuna, que
fue durante treinta años el periódico más importante del
Plata. Polemista nato,
tal vez por su nacimiento signado por la valiente oposición de
su padre a Rosas, los frecuentes destinos diplomáticos a los
que fue enviado se convirtieron en otras tantas ocasiones para
editar publicaciones. Así nacen en Madrid España y América,
en Turín La Italia y el Plata, y en Barcelona El
Barcelonés, debidas a su pluma y a su iniciativa. Héctor
Varela fue el hermano mayor de una ilustre familia que daría a
su país a Mariano, ejemplar Ministro de Negocios Extranjeros;
a Juan Cruz, recordado poeta; a Rufino, destacado economista,
y a Luis, notable constitucionalista.
De profundas convicciones republicanas, fue
durante toda su vida un apóstol de sus ideas, en su país y en
el extranjero. Tuvo destacada participación en foros
internacionales, como sucedió en 1866, en el primer Congreso
de la Paz y de la Libertad, celebrado en Ginebra, donde
cosechó general aplauso, y la especial estima y felicitación
de Garibaldi. Dueño de una amplia cultura, dominaba varios
idiomas. A lo largo de su vida escribió numerosos escritos que
llevan su firma. Su Elisa Lynch nació de su
conocimiento directo del personaje, concretado en una travesía
desde Buenos Aires a Asunción del Paraguay.
De su obra diría Mariano de Vedia y Mitre:
"adoleció como (Lucio V.) Mansilla de una evidente falta de
disciplina intelectual y crítica, que de tenerla uno y otro
les habría hecho realizar obras de más quilates que las que
fueron produciendo al azar de sus polémicas, sus luchas
políticas y las venturas, aventuras y desventuras que la vida
les proporcionó." Héctor
F. Varela murió en 1891 en Río de Janeiro, víctima de la
fiebre amarilla.
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Dijo la prensa:
Estos días ha llamado mi atención la edición
de un antiguo relato de viaje de Héctor Varela (1832-1891),
hijo de Florencio, el conocido escritor unitario a quien los
sicarios de don Juan Manuel buscaron en su exilio de
Montevideo para matarlo. El libro se llama Elisa Lynch,
aunque en realidad se trata de la narración del viaje que
el autor, en 1856, para reponerse de una grave afección
pulmonar, hace al Paraguay, ''donde no eran la libertad ni la
garantía de los derechos individuales las que se hallaban
triunfantes". Allí, Varela tropieza con la mentada dama. La
argentina Elena Egusquiza, en un extenso prólogo, da oportunas
noticias del caso, en tanto que el español Emilio Castelar se
ocupa de una Semblanza del escritor, publicada en el
periódico La Igualdad, de Madrid, el 25 de julio de
1870. Un libro lejano, como se ve, contemporáneo a sucesos de
trágico desenvolvimiento que el mundo presenciaría muy pronto
y que, para nosotros, tiene el gusto de una época y
sensibilidad: ''Una hermosa pecadora ligada íntimamente a
hechos calamitosos"
LA NACION Buenos Aires 20
de Octubre de 1997 por: María Esther de
Miguel
La editorial El Elefante Blanco, en la misma tónica de
reedición de textos históricos olvidados o poco conocidos, ha
reeditado esta obra que fuera escrita por un periodista,
escritor y político porteño, arquetipo del romanticismo
argentino de la segunda mitad del siglo XIX. La última
edición de esta obra había tenido lugar en 1934. Esta
reedición, junto con las que está realizando la colección
"Memoria Argentina" de Emecé bajo la dirección del librero
Alberto Casares, constituyen una valiosa convergencia de la
literatura y la historia
REVISTA LA AVISPA (Cultura) Buenos
Aires Nro 5 / Octubre 1997
La vívida evocación de un viaje en barco que el azar
quiso que Varela compartiera, en 1855, con una bellísima
irlandesa.
REVISTA GENTE Buenos
Aires 17 de julio de 1997
Elisa Lynch fue una mujer de características
excepcionales, más aún si se la ubica en el contexto de su
época y de la sociedad en la que transcurrió la mayor parte de
su vida.
Diario RIO NEGRO Gral.
Roca 18 de julio de
1997
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